martes, 21 de julio de 2026

China con niños (IV): la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio 798

Seguimos en Pekín, después de la llegada, los hutongs y el Palacio de Verano que os contamos en el post anterior. Tocaba ahora lo más icónico de la ciudad: la Ciudad Prohibida y, al día siguiente, la Gran Muralla.


La plaza de Tianmnen

Para entrar en la plaza de Tiananmen hicimos una hora de cola en la calle, pasando varios controles de seguridad muy exhaustivos que revisan toda la mochila.

Tiananmen significa literalmente "Puerta de la Paz Celestial", y la puerta que le da nombre se construyó ya en 1417, durante la dinastía Ming, aunque tal y como la conocemos hoy es de 1651. La plaza que se extiende delante, una de las más grandes del mundo con más de 440.000 m², es en realidad bastante más moderna: se amplió y le dio su forma actual el gobierno comunista tras la fundación de la República Popular en 1949, y es aquí donde Mao Zedong proclamó la nueva China ese mismo año.




La Ciudad Prohibida

A continuación de la plaza de Tianmen está la ciudad Prohibida. Las entradas las habíamos reservado un par de dias antes a través de Alipay, nos tuvo que ayudar la recepcionista del hotel ya que no conseguiamos que nos enviaran los SMS de verificación.

La Ciudad Prohibida se empezó a construir en 1406 por orden del emperador Yongle, que había decidido trasladar la capital desde Nankín hasta Pekín, y se necesitaron 14 años y más de un millón de trabajadores para levantarla. Durante casi 500 años, entre 1420 y 1912, fue la residencia oficial de 24 emperadores (14 de la dinastía Ming y 10 de la Qing), hasta que el último de ellos, Puyi, abdicó. El recinto tiene más de 70 palacios y, según cuentan, "9.999 habitaciones y media": el nueve era el número imperial por excelencia, y solo el Dios del Cielo podía aspirar a un palacio de 10.000 estancias, así que la de los emperadores se quedó simbólicamente una media habitación por debajo.




Es, de todo el viaje, el lugar donde nos encontramos con más turistas: un 98% de origen chino, y a manadas. La verdad es que ese día fue un poco agobiante. Y para colmo, me despisté un momento y me perdí del resto de la familia. Con tanta gente concentrada no había cobertura móvil, así que durante esos 40 minutos no había manera de ubicarnos; hasta que, en cierto momento, empezaron a entrar y salir, los mensajes de WeChat que nos estábamos enviando unos a otros.

Estuvimos paseando por el recinto y, al salir, subimos al parque que hay justo detrás (con el mirador que da las mejores vistas sobre todo el conjunto de la Ciudad Prohibida). Nos gustó mucho, en mi caso hubiera preferido no ir a la Ciudad Prohibida y verla desde aquí:


Ese día cerca del hotel, cenamos unos crepes chinos (scallion pancakes) muy ricos!


La Gran Muralla

El dia antes compramos las entradas para acceder a la muralla y subir con el teleférico, lo hicimos a través de la propia web de la muralla china (https://en.mutianyugreatwall.com/reservation-center/tickets) , así pudimos elegir las entradas según la edad para nuestros hijos, ya que a través de trip.com no lo podiamos seleccionar.

Salimos temprano del hotel, y cogimos un Didi por 190 yuanes (175 + 15 del peaje), un trayecto de 1h 30 min hasta la entrada. A las 9:05 ya estábamos arriba y a las 9:20 empezamos a caminar desde la torre 14 hasta la torre 20. Nos encantó, aunque llegar hasta la torre 20 costó lo suyo.




Existen 3 tramos para acceder a la Gran Muralla desde Pekin, en nuestro caso fuimos al tramo de Mutianyu, uno de los mejor conservados y menos masificados de los que quedan cerca de Pekín (mucho menos concurrido que Badaling, el más turístico y cercano a la ciudad). 



Contando todas sus ramificaciones, la Gran Muralla suma unos 21.000 km repartidos por el norte de China, construidos a lo largo de casi 2.000 años, desde el siglo V a.C. hasta el siglo XVII, aunque hoy solo se conserva en pie alrededor de un 30% del total. El tramo de Mutianyu en concreto se levantó a mediados del siglo VI y se reconstruyó en la forma que se puede visitar hoy en 1569, ya en la dinastía Ming; tiene 5,4 km de longitud y una altura media de 6-7 metros. 

Para bajar decidimos hacerlo a pie, pasando por la torre 12, mucho más fácil de lo que esperábamos: apenas 30 minutos desde la parte alta hasta la salida. Eso sí, llegamos bastante cansados a la torre 20 antes de bajar, así que fue un buen entrenamiento en familia.

Estuvimos en la muralla hasta las 12:30. Para volver a Pekín, el autobús salía del mismo pueblo, por 23 yuanes (con 5 yuanes extra del trayecto local hasta la parada), un viaje de aproximadamente 1 hora.

Barrio de Artistas 798

Por la tarde, ya de vuelta en la ciudad, fuimos al barrio de artistas 798, una zona industrial reconvertida en galerías de arte que nos gustó mucho. 



Su origen no tiene nada que ver con el arte: en los años 50 se construyó aquí un complejo de fábricas de electrónica militar con ayuda de ingenieros de la extinta Alemania del Este, con ese estilo de ladrillo visto y grandes naves típico de la Bauhaus. Con las reformas económicas de los 80 las fábricas fueron cerrando y quedaron prácticamente abandonadas, hasta que a partir de 2002 artistas y galerías empezaron a instalarse ahí atraídos por los alquileres baratos y las naves enormes, y en 2005 el barrio se convirtió ya oficialmente en uno de los distritos creativos de la ciudad. 





Hoy en día es una mezcla curiosa de galerías, tiendas de diseño, cafés y algún resto de la maquinaria industrial original que se ha dejado como parte de la decoración. Cenamos en una calle llena de puestos de street food.

Nos gustó mucho este barrio, fue todo un descubrimiento.


El Mercado de Antigüedades de Panjiayuan

Como nuestro hotel, el Right Hotel, estaba cerca, aprovechamos para pasear por el mercado de Panjiayuan, el mayor mercado de antigüedades y objetos de segunda mano de toda China. Tiene un origen curioso: nació como "mercado fantasma", un mercadillo callejero espontáneo de finales de la dinastía Qing y principios de la República, cuando familias nobles venidas a menos vendían a escondidas sus reliquias familiares de madrugada, a la luz de un farolillo, para que nadie pudiera reconocerles la cara. 




El mercado tal y como existe hoy se organizó ya en 1992, y ocupa casi 5 hectáreas divididas en zonas de antigüedades, muebles clásicos, piedra tallada, jade y caligrafía, entre otras. Las tiendas fijas abren todos los días, pero los puestos callejeros (los más pintorescos, con auténticas antigüedades mezcladas con imitaciones) solo montan los fines de semana. Un buen sitio para perderse un rato, aunque sea sin comprar nada.


Conclusiones del viaje

Y con esto se acabaron nuestros 13 días por China. Un repaso rápido de lo que nos llevamos:

  • Con niños, sí se puede, y bien. Ona (5 años) y Adrià (8 años) aguantaron trenes nocturnos, colas al sol y kilómetros de caminata por palacios y murallas mejor de lo que esperábamos. Eso sí, un ritmo de viaje algo más pausado.
  • Se come muy muy bien, y hay picante para todos los gustos, incluso si no lo quieres se puede comer sin. Los niños han encontrado platos fáciles para ellos y finalmente se han atrevido a probar cosas nuevas.
  • Hemos tenido suerte de tener mayoritariamente días nublados, los días soleados hacia demasiada calor y humedad para caminar.
  • Para nuestro gusto hemos hecho demasiada ciudad, nos ha faltada más naturaleza. Otra opción hubiera sido hacer menos días en Pekín e ir un par de días a Datong a ver las cuevas y el templo colgante

Nos vamos con ganas de volver, y con la sensación de haber visto solo una pequeñísima parte de un país enorme, tocará volver!!

¡Seguimos!

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China con niños (III): Pekín, los hutongs, el Palacio de Verano y el Templo del Cielo

 

Última parada del viaje: Pekín. Después de Shanghái, Xi'an y Pingyao (que ya os contamos en los posts anteriores), llegaba el momento de cerrar el círculo en la capital.

El tren hasta Pekín

Salimos de Pingyao a las 10:50 en tren bala. Durante el trayecto coincidimos con un joven chino empresario que nos explicó el boom inmobiliario de los últimos 10 años: kilómetros y kilómetros de bloques de apartamentos nuevos construidos de la nada, muchos de ellos todavía vacíos. Por la ventana se veía perfectamente: zonas rurales cada vez más escasas, sustituidas por auténticas junglas de más de 30 pisos de altura, con grúas trabajando en varias de ellas.


Llegamos a Pekín sobre las 15:00 y después de descargar las maletas en el Right hotel, dónde pasaremos las siguientes 5 años, por 580€. el hotel estaba bien, dentro de la 2a anilla, pero un poco alejado de los sitios a visitar. Minímo teniamos unos 30-40 minutos en metro.


Jiaodaokou Neighborhood

Lo primero que hicimos fue ir a un barrio de hutongs. Los hutongs son esos callejones estrechos flanqueados por casas de un solo piso construidas alrededor de un patio central (los llamados siheyuan), y llevan formando parte del paisaje de Pekín desde la dinastía Yuan, hace más de 700 años; hoy en día todavía quedan más de mil repartidos por la ciudad, aunque cada vez son más los que desaparecen bajo nuevos edificios. 




Estuvimos en el barrio de Jiaodaokou, tiene una calle comercial muy concurrida, y por casualidad nos metimos por una de las calles que hay a los laterales y terminamos cenando en un local muy autentico el Juer Renjia.


El Palacio de Verano (a medias)

Como llegamos en lunes, tuvimos mala suerte: la torre principal del Palacio de Verano estaba cerrada, y el barrio de estilo Suzhou permanecía cerrado por obras desde julio hasta agosto, así que nos quedamos con las ganas de ver algunos de los monumentos más bonitos, tapados por vallas y masificados de gente (como casi toda china).

El Palacio de Verano tiene detrás una historia de más de 800 años como jardín imperial, aunque el complejo que se visita hoy se construyó en 1750 por orden del emperador Qianlong. Sufrió serios destrozos a causa de las guerras, y su aspecto actual se debe en buena parte a la emperatriz viuda Cixi, que mandó reconstruirlo entre 1884 y 1895 para celebrar su 60 cumpleaños. Desde allí gobernó buena parte de la China de finales de la dinastía Qing, convirtiendo el palacio en el auténtico centro de poder del país. Desde 1998 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Es un recinto enorme, así que para no perderse lo mejor, esto es lo principal que hay que ver:

  • La Torre del Incienso Búdico (Foxiang Ge): la torre principal del complejo, en lo alto de la Colina de la Longevidad, con las mejores vistas de todo el palacio y del lago. Es la que nos encontramos cerrada por ser lunes.

  • Suzhou Street: una calle comercial que mandó construir el propio Qianlong imitando las calles del sur de China, con una particularidad: las "tiendas" no eran tiendas de verdad, sino eunucos y sirvientas de palacio disfrazados de tenderos y clientes, regateando y montando todo un mercadillo falso para que el emperador y su familia pudieran vivir la experiencia de "ir de compras" sin salir de casa. La calle original se destruyó en 1860 y se reconstruyó en 1990; hoy es el único mercado imperial de este tipo que se conserva en China. Es la parte que nos pilló cerrada por obras.

  • El Puente de los 17 Arcos: el más famoso del recinto (el "puente de los 8 arcos", como lo apuntamos nosotros, porque en realidad son 8 arcos a cada lado del arco central, que es el más grande de todos). Se construyó también en 1750, mide 150 metros de largo y conecta la orilla este del lago Kunming con la isla de Nanhu. Este sí pudimos disfrutarlo con calma.


  • El Corredor Largo: una galería cubierta de madera de 728 metros que bordea el lago, con miles de pinturas (se calculan más de 8.000, según quien cuente) en cada viga, con escenas de paisajes, flores y leyendas clásicas chinas.


  • El Barco de Mármol: un pabellón con forma de barco construido junto al lago, otro capricho de Cixi que, según se cuenta, se pagó en parte con fondos que en teoría estaban destinados a modernizar la marina imperial china.

  • El Lago Kunming: el gran lago artificial que ocupa buena parte del recinto, donde también se puede pasear en barca.

Un consejo práctico: en la entrada del parque se puede alquilar una audioguía, disponible en prácticamente todos los idiomas principales. Eso sí, a nosotros la chica de la taquilla solo nos la ofreció en inglés, así que si os interesa en español mejor preguntad explícitamente qué idiomas tienen disponibles, porque por defecto no os lo van a ofrecer.

En total estuvimos unas 3-4 horas paseando por los jardines, que son enormes. 

El Templo del Cielo

Seguimos por otro sitio que no nos podíamos perder es el Templo del Cielo. Lo mandó construir el mismo emperador Yongle que levantó la Ciudad Prohibida, allá por 1406-1420, y durante las dinastías Ming y Qing fue el escenario de los rituales anuales más importantes del calendario imperial: aquí venía el emperador en persona a pedir buenas cosechas en primavera y a dar las gracias al Cielo en otoño. El edificio más fotografiado del recinto es el Salón de Oración por la Buena Cosecha, una sala circular de 30 metros de diámetro y 38 de altura, construida sobre tres terrazas de mármol blanco, sin un solo clavo en toda su estructura de madera. Como el resto de grandes monumentos de Pekín, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998. 

Normalmente el recinto abre todos los días, pero a nosotros nos tocó otra vez mala suerte: era lunes, y ese día el templo también lo encontramos cerrado, así que solo pudimos pasear un poco por los jardines de alrededor, así que nos tocó volver otro día para ver el templo.


Después, fuimos a por un bus, y nos acercamos hasta la calle comercial de Wangfujing, donde cenamos en un food court: dumplings, brochetas de cordero y arroz frito con verduras.

Qianmen Street

Otra calle a visitar es Qianmen, la calle peatonal que baja desde la Puerta de Zhengyang justo al sur de la plaza de Tiananmen. Tiene más de 570 años de historia, aunque lo que se pasea hoy en día es en realidad una reconstrucción de los años 2000 basada en fotos antiguas, ya que el trazado original se quemó por completo en 1900 durante el asalto de las tropas extranjeras a Pekín. 

Esta calle está repleta de tiendas, y es un buen lugar para comprar souvenir si se necesita.


Es la calle de toda la vida para comer el pato pekinés, con locales centenarios como el Quanjude (fundado en 1864), y ahí fuimos precisamente a probarlo. Todo un acierto para cerrar el día.


En el próximo post: la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio de artistas 798, con las conclusiones de todo el viaje. ¡Seguimos!


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China con niños (II): los Guerreros de Terracota y la ciudad amurallada de Pingyao

 

Después del tren nocturno desde Shanghái, llegamos a Xi'an sobre las 9 de la mañana, a una estación enorme y ultramoderna que no tiene nada que envidiar a las de cualquier gran capital europea.

Llegada a Xi'an

Directos cogimos un Didi hasta el hotel, el Tongpai Hotel, donde pagamos 88€ por las dos noches, muy bien ubicado cerca de la Bell Tower. Al ver que íbamos con niños nos hicieron un upgrade de habitación sin coste, todo un detalle.

Bell Tower (Torre de la Campana)

Nuestra primera visita fue la Bell Tower. Esta vez, a diferencia de otros monumentos, tuvimos que pagar entrada también para los niños (normalmente suelen ser gratis), y la verdad es que nos pareció cara para lo que ofrece. La torre está literalmente en medio de una rotonda de tráfico, rodeada de coches por todos lados como si fuera un nudo de autopista, lo que le resta bastante encanto.


Tiene su historia, eso sí: la mandó construir el emperador Zhu Yuanzhang en 1384, al principio de la dinastía Ming, para marcar las horas de la ciudad y avisar en caso de ataque. Al principio estaba en otro punto de la ciudad, pero cuando Xi'an (entonces llamada Chang'an) creció y el centro se desplazó, la desmontaron entera y la volvieron a levantar en su ubicación actual en 1582.

Barrio Musulmán

Mucho mejor nos lo pasamos en el Barrio Musulmán, un laberinto de calles y callejones repletos de puestos de comida y tiendas de souvenirs (y alguna que otra falsificación, para quien busque). Cenamos en uno de los restaurantes de la zona: fideos gruesos y picantes y brochetas de cordero a la brasa. Muy recomendable.



Y ya que hablamos de comida: si hay un plato que hay que probar sí o sí en Xi'an es el rou jia mo, una especie de bocadillo de cerdo estofado y especiado dentro de un panecillo plano y crujiente (el "mo"), que llevan comiendo por aquí desde hace siglos y que muchos consideran el antecedente de la hamburguesa. Desde 2016 está reconocido como patrimonio inmaterial de la UNESCO, así que no es un bocadillo cualquiera.



La Gran Pagoda del Ganso Salvaje

Nos acercamos también a la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Giant Wild Goose Pagoda), otro de los grandes iconos de Xi'an. La construyeron sobre el año 652, en plena dinastía Tang, para guardar los sutras y las figuras de Buda que el monje Xuanzang trajo desde la India tras su famoso viaje (el mismo que inspiró la novela clásica "Viaje al Oeste").

Desde 2014 forma parte de la lista de la UNESCO como parte de la Ruta de la Seda.



Fue allí donde nos dimos cuenta de que muchísimos chinos y chinas, sobre todo jóvenes, pasean vestidos con trajes de época (hanfu), y no es casualidad: la calle está llena de tiendas de alquiler de vestidos y de maquillaje especializadas en dejarte con el look completo para pasear y hacerte fotos.

Al salir caminamos por la gran avenida que sale de la pagoda, la Yanta South Road, que da paso a la conocida como Datang Everbright City, una especie de gran bulevar peatonal flanqueado de centros comerciales, edificios enormes de estilo Tang y puestos de comida a ambos lados.



Los Guerreros de Terracota

El gran día de Xi'an era, sin duda, la visita a los Guerreros de Terracota. Habíamos reservado las entradas con antelación. El recinto abre a las 8:30 y merece muchísimo la pena llegar a esa hora, porque a medida que avanza la mañana se llena de gente.

Para llegar hasta allí (unos 35 km desde el centro) se puede ir en autobús, que tarda aproximadamente 1h 30min y cuesta unos 30 yuanes por persona, o en Didi. Con niños, decidimos que era mucho más cómodo el taxi: nos costó 123 yuanes y tardamos unos 50 minutos. Por el camino se ve alternar algún trozo de zona rural con auténticas junglas de edificios de treinta pisos, muchos de ellos todavía en construcción.




El descubrimiento fue casi de casualidad: en 1974 unos campesinos de la zona estaban cavando un pozo para buscar agua y se toparon con los primeros fragmentos. Lo que había debajo era nada menos que el ejército funerario del emperador Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, construido para protegerle en la otra vida. Se empezó a construir en el 264 a.C, y tardaron unos 40 años en terminarlo. 

Entre las tres fosas se calcula que hay más de 8.000 soldados a tamaño real (algunos incluso un poco más grandes), además de caballos y carros de guerra, y lo más curioso es que no hay dos guerreros iguales, todos tienen aspectos distintos.

El recinto tiene tres pabellones. El primero es el más importante y el que impresiona de verdad: la cantidad de figuras reconstruidas es difícil de describir, y madrugar mereció la pena porque más tarde se llena mucho. Después está el tercer pabellón, más pequeño, con menos descubrimientos, y por último el segundo, donde todavía se pueden ver guerreros y caballos entre fragmentos y vitrinas de excavación en curso. Para cerrar la visita hay un museo donde se explica toda la historia (en chino) y se exponen más guerreros, además de carros de bronce y otras piezas.

En total estuvimos unas 3 horas allí dentro, y el camino de salida, de 1-2 km, está flanqueado de tiendas de souvenirs y puestos de comida.

La muralla de Xi'an 

El último día nos quedaba tiempo para visitar la muralla de Xi'an, uno de los recintos amurallados mejor conservados de China. 

La idea inicial era subir en bicicleta y dar la vuelta completa, pero al llegar arriba nos dijeron que el alquiler de bicis era solo a partir de 12 años. Así que hicimos un tramo caminando, aunque con el calor que hacía y la poca sombra que hay, decidimos hacer un recorrido más bien corto.


Y otra cosa que nos os hemos contado, pero los niños eran el centro de atención, muchas personas chinas nos pedian constantemente si se podian hacer fotos con ellos. esto se repitió todo el viaje. Por suerte Ona y Adrià lo llevaron muy bien :).


Desde allí bajamos hasta el barrio musulmán para hacer alguna última compra y comer algo antes de coger de nuevo las maletas y dirigirnos hacia la estación, esta vez con destino Pingyao.

Pingyao, la ciudad amurallada

Después de un viaje de unas 2h30 en tren, llegamos a Pingyao al anochecer. Cogimos un Didi hasta la ciudad antigua amurallada, donde teníamos el Elsewhere Hotel: sencillo pero muy correcto.


Cenamos dentro de la muralla y nos fuimos pronto a dormir, porque al día siguiente tocaba explorar el pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la más pequeña). Para nosotros no hacía falta más de cinco edificios para visitar. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva algunas de sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Sus orígenes como asentamiento se remontan a la dinastía Zhou Occidental, hace más de 2.700 años, aunque la muralla que se puede visitar hoy en día es bastante más "reciente": se levantó en el siglo XIV, ya en la dinastía Ming, y mide unos 6 km de perímetro, con 12 metros de altura, seis puertas y 72 torres de vigilancia repartidas por todo el recorrido.




Lo más curioso de Pingyao es que, entre los siglos XIX y principios del XX, se convirtió en el centro financiero más importante de toda China, una especie de Wall Street chino de la época.

Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la pequeña ya que es menor de 6 años). Son antiguas mansiones con patios de familias de comerciantes y banqueros ricos de la dinastía Qing, además de alguna antigua agencia de escoltas, que venía a ser algo así como la "empresa de seguridad" encargada de proteger el dinero y las mercancías que viajaban entre ciudades.

A nosotros no nos hacía falta visitar más de cinco casas para hacernos a la idea. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.


Un sitio que nos gusto para comer y que repetimos fue Tianyuankui Bar dónde comimos unos dumpling riquísimos.

En el próximo (y último) post de China: Pekín, la Ciudad Prohibida, los hutongs y la Gran Muralla. ¡Seguimos!

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domingo, 12 de julio de 2026

China con niños (I): aterrizamos en Shanghái


Esta vez nos tocaba estrenar destino en familia: China, con los peques a bordo. Doce días entre Shanghái, Xi'an, Pingyao y Pekín. Empezamos por Shanghái!

Un poco de información antes de empezar

China es, con diferencia, el país más poblado que hemos visitado hasta ahora: unos 1.413 millones de habitantes.

El idioma oficial es el mandarín, pero el país reconoce oficialmente 56 grupos étnicos y se hablan cerca de 200 lenguas y dialectos.

La moneda es el yuan o renminbi (CNY), 100 CNY ≈ 13€, así que para hacer números rápidos mientras viajáis, dividir entre 7,7 va bastante bien.

Y una curiosidad: aunque China ocupa un territorio tan enorme que geográficamente le corresponderían cinco husos horarios distintos, todo el país funciona con una única hora oficial, la de Pekín.


SHANGHÁI

Aterrizamos a las 9:00 de la mañana. Lo primero que hicimos nada más llegar fue comprarnos una tarjeta SIM de China Telecom, 15 días de datos por 150 yuanes (unos 19€), imprescindible para poder estar conectado.

Con la SIM ya activa, pedimos un Didi (el Uber chino, y la app que se convirtió en nuestra mejor amiga durante todo el viaje) hasta el hotel.

Nos alojamos en el Xiangyang Shanghai Boutique Hotel, en pleno centro, por 1.056 yuanes (unos 136€) las tres noches. Nos regalaron el desayuno a cambio de dejar una buena review, y la verdad es que el hotel cumplió de sobras.


Primer paseo: la antigua Concesión Francesa

La primera tarde salimos a caminar sin muchas pretensiones y fuimos a parar al barrio de la antigua Concesión Francesa. Un barrio de calles pequeñas y edificios bonitos, con arboles plataneros de sombra en las aceras, los mismos árboles que tenemos en Barcelona, así que nos sentimos un poco como en casa.

Cenamos allí mismo, en la primera planta de un restaurante, y después seguimos paseando hasta volver caminando al hotel.


Lluvia, un parque tranquilo y el skyline que se nos escapó

El segundo día amaneció lluvioso. Primero fuimos a People's Park, muy limpio y tranquilo, justo al lado de una de las calles comerciales más animadas de la ciudad.

Después caminamos hacia la zona donde se supone que se ve el skyline con la torre de la perla.


Llegamos hasta el final de Nanjing Road, a orillas del río, con la esperanza de ver el famoso skyline del Bund, pero las nubes bajas y la lluvia no dejaban ver absolutamente nada. Y por si fuera poco, en ese momento se puso a llover con muchísima fuerza. Conseguimos parar un Didi, pero entre el tráfico y la lluvia tardamos casi una hora en volver al hotel.



El Yu Garden y el templo de tejado dorado

Fuimos al Yu Garden, unos jardines enormes del siglo XVI, de estilo clásico chino, un auténtico laberinto de estanques, rocas y pabellones, todo ello rodeado por los rascacielos modernísimos de la ciudad.

Esto jardines fueron construidos en el siglo XVI, ordenador por un alto funcionario, Pan Yunduan, como regalo para que sus padres disfrutaran de una vejez tranquila; las obras se alargaron casi 20 años, entre 1559 y 1590. Durante un tiempo estuvieron cerrados y bastante deteriorados, hasta que el gobierno de Shanghái los restauró y los reabrió al público en 1961, y así han llegado hasta nosotros. Aunque el recinto no es enorme (unos 20.000 m²), tiene todos los elementos típicos de un jardín clásico chino: pabellones, salones, rocallas, estanques con carpas y galerías cubiertas, y para recorrerlo con calma hacen falta un par de horas.





Desde allí volvimos al metro y fuímos hasta el Jing'an Temple, un templo budista con el tejado dorado, uno de los más importantes de la ciudad.

Su historia es mucho más larga de lo que parece a simple vista: el templo original se fundó en el año 247, durante el periodo de los Tres Reinos, y con otro nombre y ubicación (junto al Suzhou Creek); no fue hasta el año 1216 cuando se trasladó al emplazamiento actual. Como tantos templos chinos, pasó una mala racha durante la Revolución Cultural, cuando llegó a convertirse en fábrica, y no se recuperó como templo hasta 1983. Hoy en día llama la atención, además del tejado dorado, una estatua de plata maciza de 15 toneladas y un buda de jade de casi 4 metros, el más grande del país sentado en su salón principal. Y un detalle curioso: el templo está literalmente encima de la boca de metro de la línea 2, así que se llega en un momento desde cualquier punto de la ciudad.




Y con eso se nos acabó el tiempo en Shanghái: taxi de vuelta al hotel a por las maletas, y otro taxi hasta la estación de tren.

La aventura del tren nocturno a Xi'an

Habíamos reservado, una semana antes, a través de trip.com, un tren nocturno hasta Xi'an, pero nos habían asignado literas sueltas en lugar de un compartimento para los cuatro. 

Mientras hacíamos cola un inglés de Liverpool se acercó a Mario para preguntarle cómo se accedía a la estación, porque no llevaba el billete impreso. Le explicamos que había que hacer la cola manual y enseñar el pasaporte. Charlando con él, resultó que su grupo tenía asignada una plaza justo en nuestro compartimento, y muy amablemente nos la cambió por la suya para que pudiéramos ir juntos.

La otra plaza del compartimento era de una chica china, que también accedió a cambiarnos el sitio, nos pidió que le pagáramos la diferencia por cederle a cambio una litera superior en vez de la inferior que tenía. Sin problema.


En el compartimento de al lado había 2 de los miembros del grupo de ingleses con una pareja de chinos ya mayores... y el señor se pasó toda la noche sonándose y carraspeando de forma escandalosa. Con estas, los adultos no dormimos demasiado bien esa noche de tren, pero fue una manera curiosa (y con anécdota incluida) de despedirnos de Shanghái rumbo a Xi'an.

En el próximo post: los Guerreros de Terracota, la muralla de Xi'an y la ciudad amurallada de Pingyao. ¡Seguimos!

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