Este viaje fue distinto a nuestros road trips habituales: no elegimos el destino por el paisaje ni por la ruta, sino porque teníamos muchas ganas de ver a Gemma y David. Son amigos nuestros de hace mucho —de hecho, hasta nos visitaron durante nuestra estancia en Vietnam, allá por 2013— y desde hace ya unos años viven en Suiza, en un pueblo a las afueras de Zúrich. Así que en septiembre de 2024 hicimos las maletas, cogimos un vuelo y nos plantamos en Suiza cuatro días, alojados en su casa.
Era ya nuestra tercera vez en el país, pero la primera con niños (Adrià con 6 años y Ona con 3 años), y también el primer vuelo de Ona, así que el viaje tenía ese punto especial de estreno además del de reencuentro.
Os dejamos aquí el resumen del viaje, del 5 al 8 de septiembre, día a día:
La ruta, día a día:
- Día 1: Barcelona → vuelo a Zúrich → Uster, a casa de Gemma y David
- Día 2: Uster: paseo tranquilo alrededor del río en bicicleta y tarde en el Juckerhof, con manzanas, calabazas y animales de granja
- Día 3: Excursión a Lucerna: casco antiguo, Puente de la Capilla y baño en el lago
- Día 4: Paseo por Zúrich antes de coger el vuelo de vuelta a Barcelona
Uster, nuestra base
Volamos de Barcelona a Zúrich y en el aeropuerto ya nos estaba esperando Gemma, que nos llevó directos a Uster. Nos quedamos los cuatro días en su casa, así que este no fue un viaje de hoteles ni de itinerario cerrado: fuimos bastante a su ritmo, con calma, dejando que los niños jugaran juntos y aprovechando para ponernos al día con ellos.
Uster es una localidad de unos 35.000 habitantes en el cantón de Zúrich, conocida antiguamente por su industria textil y hoy por su casco histórico y el cercano lago Greifensee. Es un pueblo tranquilo, con mucho verde alrededor, ideal para pasear sin prisa con niños; nosotros dimos una vuelta en bicicleta junto al río. No hicimos turismo intensivo aquí, y esa fue un poco la gracia: después de tantos viajes con la agenda apretada, se agradecía un plan sin planes.
El Juckerhof: manzanas, calabazas y animales de granja
Una tarde nos acercamos con Gemma y David al Juckerhof, en Seegräben, muy cerca de Uster y Wetzikon, en pleno Zürcher Oberland. Seegräben es un pequeño municipio agrícola de apenas unos minutos en coche desde Uster.
Es una granja de experiencias con un huerto enorme de manzanos (el ÖpfelGarte, con miles de árboles y hasta un laberinto), montañas de calabazas de todos los colores recién recogidas —típicas del inicio del otoño suizo— y una zona de animales con cabras y conejos. Nos gustó mucho: un plan sencillo y muy de temporada, perfecto para que los niños correteen entre los árboles, vean a los animales de granja y los adultos aprovechemos para coger manzanas.
Fue sin duda una buena actividad que grandes y pequeños disfrutamos.
Lucerna, la escapada del viaje
El único día que salimos de la órbita de Uster fue para acercarnos hasta Lucerna, a poco más de una hora en coche. Lucerna es la capital del cantón homónimo, con algo más de 80.000 habitantes, situada justo donde el río Reuss sale del lago de los Cuatro Cantones (Vierwaldstättersee); es la puerta de entrada tradicional a los Alpes centrales.
Paseamos por el casco antiguo, con sus fachadas pintadas junto al río Reuss, y cruzamos el famoso Puente de la Capilla (Kapellbrücke), un puente de madera cubierto del siglo XIV con la Torre del Agua asomando a un lado, uno de los símbolos más fotografiados de Suiza.
Hacía calor, así que terminamos bajando a una de las playas urbanas junto al lago de los Cuatro Cantones para que los niños se dieran un baño, con los barcos de vapor de época amarrados en el muelle y las montañas de fondo. Fue de esas tardes que, sin buscarlo, se acaban convirtiendo en lo mejor del viaje.
Zúrich antes de volver
El último día, antes del vuelo de vuelta, nos acercamos a Zúrich para pasear un rato junto al lago antes de ir hacia el aeropuerto. Zúrich es la ciudad más grande de Suiza, con más de 400.000 habitantes y su principal centro financiero; se extiende a orillas del lago de Zúrich y del río Limmat. Fue una visita corta, casi de despedida, pero suficiente para volver a visitar la ciudad y dejar ganas de volver con más tiempo.
Aprovechamos para comer en el Sternen Grill, en Bellevueplatz, uno de los puestos de bocadillos de salchicha más típicos y populares de Zúrich desde 1962, famoso por su salchicha de San Galo (St. Galler Bratwurst) servida en pan. Comer fuera en Suiza es caro en general, así que si vais con un presupuesto ajustado, los supermercados grandes (Migros y Coop) suelen tener su propio restaurante con un menú del día bastante más económico que el de un restaurante normal, una opción muy socorrida para comer con niños sin arruinarse.
Por la tarde cogimos el vuelo de vuelta a Barcelona, con la sensación de que cuatro días se habían quedado muy cortos para todo lo que teníamos que contarnos con Gemma y David.
Así se cerró nuestro tercer viaje a Suiza, y el primero con niños: sin rutas de senderismo interminables ni lista de museos, pero con un puente de madera centenario, un baño en un lago alpino, una tarde entre manzanos, calabazas y animales de granja en el Juckerhof, el primer vuelo de Ona y, sobre todo, unos amigos a los que teníamos muchas ganas de ver. Con ganas de repetir, esta vez quizás con más tiempo para explorar el resto del país.