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martes, 21 de julio de 2026

China con niños (IV): la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio 798

Seguimos en Pekín, después de la llegada, los hutongs y el Palacio de Verano que os contamos en el post anterior. Tocaba ahora lo más icónico de la ciudad: la Ciudad Prohibida y, al día siguiente, la Gran Muralla.


La plaza de Tianmnen

Para entrar en la plaza de Tiananmen hicimos una hora de cola en la calle, pasando varios controles de seguridad muy exhaustivos que revisan toda la mochila.

Tiananmen significa literalmente "Puerta de la Paz Celestial", y la puerta que le da nombre se construyó ya en 1417, durante la dinastía Ming, aunque tal y como la conocemos hoy es de 1651. La plaza que se extiende delante, una de las más grandes del mundo con más de 440.000 m², es en realidad bastante más moderna: se amplió y le dio su forma actual el gobierno comunista tras la fundación de la República Popular en 1949, y es aquí donde Mao Zedong proclamó la nueva China ese mismo año.




La Ciudad Prohibida

A continuación de la plaza de Tianmen está la ciudad Prohibida. Las entradas las habíamos reservado un par de dias antes a través de Alipay, nos tuvo que ayudar la recepcionista del hotel ya que no conseguiamos que nos enviaran los SMS de verificación.

La Ciudad Prohibida se empezó a construir en 1406 por orden del emperador Yongle, que había decidido trasladar la capital desde Nankín hasta Pekín, y se necesitaron 14 años y más de un millón de trabajadores para levantarla. Durante casi 500 años, entre 1420 y 1912, fue la residencia oficial de 24 emperadores (14 de la dinastía Ming y 10 de la Qing), hasta que el último de ellos, Puyi, abdicó. El recinto tiene más de 70 palacios y, según cuentan, "9.999 habitaciones y media": el nueve era el número imperial por excelencia, y solo el Dios del Cielo podía aspirar a un palacio de 10.000 estancias, así que la de los emperadores se quedó simbólicamente una media habitación por debajo.




Es, de todo el viaje, el lugar donde nos encontramos con más turistas: un 98% de origen chino, y a manadas. La verdad es que ese día fue un poco agobiante. Y para colmo, me despisté un momento y me perdí del resto de la familia. Con tanta gente concentrada no había cobertura móvil, así que durante esos 40 minutos no había manera de ubicarnos; hasta que, en cierto momento, empezaron a entrar y salir, los mensajes de WeChat que nos estábamos enviando unos a otros.

Estuvimos paseando por el recinto y, al salir, subimos al parque que hay justo detrás (con el mirador que da las mejores vistas sobre todo el conjunto de la Ciudad Prohibida). Nos gustó mucho, en mi caso hubiera preferido no ir a la Ciudad Prohibida y verla desde aquí:


Ese día cerca del hotel, cenamos unos crepes chinos (scallion pancakes) muy ricos!


La Gran Muralla

El dia antes compramos las entradas para acceder a la muralla y subir con el teleférico, lo hicimos a través de la propia web de la muralla china (https://en.mutianyugreatwall.com/reservation-center/tickets) , así pudimos elegir las entradas según la edad para nuestros hijos, ya que a través de trip.com no lo podiamos seleccionar.

Salimos temprano del hotel, y cogimos un Didi por 190 yuanes (175 + 15 del peaje), un trayecto de 1h 30 min hasta la entrada. A las 9:05 ya estábamos arriba y a las 9:20 empezamos a caminar desde la torre 14 hasta la torre 20. Nos encantó, aunque llegar hasta la torre 20 costó lo suyo.




Existen 3 tramos para acceder a la Gran Muralla desde Pekin, en nuestro caso fuimos al tramo de Mutianyu, uno de los mejor conservados y menos masificados de los que quedan cerca de Pekín (mucho menos concurrido que Badaling, el más turístico y cercano a la ciudad). 



Contando todas sus ramificaciones, la Gran Muralla suma unos 21.000 km repartidos por el norte de China, construidos a lo largo de casi 2.000 años, desde el siglo V a.C. hasta el siglo XVII, aunque hoy solo se conserva en pie alrededor de un 30% del total. El tramo de Mutianyu en concreto se levantó a mediados del siglo VI y se reconstruyó en la forma que se puede visitar hoy en 1569, ya en la dinastía Ming; tiene 5,4 km de longitud y una altura media de 6-7 metros. 

Para bajar decidimos hacerlo a pie, pasando por la torre 12, mucho más fácil de lo que esperábamos: apenas 30 minutos desde la parte alta hasta la salida. Eso sí, llegamos bastante cansados a la torre 20 antes de bajar, así que fue un buen entrenamiento en familia.

Estuvimos en la muralla hasta las 12:30. Para volver a Pekín, el autobús salía del mismo pueblo, por 23 yuanes (con 5 yuanes extra del trayecto local hasta la parada), un viaje de aproximadamente 1 hora.

Barrio de Artistas 798

Por la tarde, ya de vuelta en la ciudad, fuimos al barrio de artistas 798, una zona industrial reconvertida en galerías de arte que nos gustó mucho. 



Su origen no tiene nada que ver con el arte: en los años 50 se construyó aquí un complejo de fábricas de electrónica militar con ayuda de ingenieros de la extinta Alemania del Este, con ese estilo de ladrillo visto y grandes naves típico de la Bauhaus. Con las reformas económicas de los 80 las fábricas fueron cerrando y quedaron prácticamente abandonadas, hasta que a partir de 2002 artistas y galerías empezaron a instalarse ahí atraídos por los alquileres baratos y las naves enormes, y en 2005 el barrio se convirtió ya oficialmente en uno de los distritos creativos de la ciudad. 





Hoy en día es una mezcla curiosa de galerías, tiendas de diseño, cafés y algún resto de la maquinaria industrial original que se ha dejado como parte de la decoración. Cenamos en una calle llena de puestos de street food.

Nos gustó mucho este barrio, fue todo un descubrimiento.


El Mercado de Antigüedades de Panjiayuan

Como nuestro hotel, el Right Hotel, estaba cerca, aprovechamos para pasear por el mercado de Panjiayuan, el mayor mercado de antigüedades y objetos de segunda mano de toda China. Tiene un origen curioso: nació como "mercado fantasma", un mercadillo callejero espontáneo de finales de la dinastía Qing y principios de la República, cuando familias nobles venidas a menos vendían a escondidas sus reliquias familiares de madrugada, a la luz de un farolillo, para que nadie pudiera reconocerles la cara. 




El mercado tal y como existe hoy se organizó ya en 1992, y ocupa casi 5 hectáreas divididas en zonas de antigüedades, muebles clásicos, piedra tallada, jade y caligrafía, entre otras. Las tiendas fijas abren todos los días, pero los puestos callejeros (los más pintorescos, con auténticas antigüedades mezcladas con imitaciones) solo montan los fines de semana. Un buen sitio para perderse un rato, aunque sea sin comprar nada.


Conclusiones del viaje

Y con esto se acabaron nuestros 13 días por China. Un repaso rápido de lo que nos llevamos:

  • Con niños, sí se puede, y bien. Ona (5 años) y Adrià (8 años) aguantaron trenes nocturnos, colas al sol y kilómetros de caminata por palacios y murallas mejor de lo que esperábamos. Eso sí, un ritmo de viaje algo más pausado.
  • Se come muy muy bien, y hay picante para todos los gustos, incluso si no lo quieres se puede comer sin. Los niños han encontrado platos fáciles para ellos y finalmente se han atrevido a probar cosas nuevas.
  • Hemos tenido suerte de tener mayoritariamente días nublados, los días soleados hacia demasiada calor y humedad para caminar.
  • Para nuestro gusto hemos hecho demasiada ciudad, nos ha faltada más naturaleza. Otra opción hubiera sido hacer menos días en Pekín e ir un par de días a Datong a ver las cuevas y el templo colgante

Nos vamos con ganas de volver, y con la sensación de haber visto solo una pequeñísima parte de un país enorme, tocará volver!!

¡Seguimos!

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China con niños (III): Pekín, los hutongs, el Palacio de Verano y el Templo del Cielo

 

Última parada del viaje: Pekín. Después de Shanghái, Xi'an y Pingyao (que ya os contamos en los posts anteriores), llegaba el momento de cerrar el círculo en la capital.

El tren hasta Pekín

Salimos de Pingyao a las 10:50 en tren bala. Durante el trayecto coincidimos con un joven chino empresario que nos explicó el boom inmobiliario de los últimos 10 años: kilómetros y kilómetros de bloques de apartamentos nuevos construidos de la nada, muchos de ellos todavía vacíos. Por la ventana se veía perfectamente: zonas rurales cada vez más escasas, sustituidas por auténticas junglas de más de 30 pisos de altura, con grúas trabajando en varias de ellas.


Llegamos a Pekín sobre las 15:00 y después de descargar las maletas en el Right hotel, dónde pasaremos las siguientes 5 años, por 580€. el hotel estaba bien, dentro de la 2a anilla, pero un poco alejado de los sitios a visitar. Minímo teniamos unos 30-40 minutos en metro.


Jiaodaokou Neighborhood

Lo primero que hicimos fue ir a un barrio de hutongs. Los hutongs son esos callejones estrechos flanqueados por casas de un solo piso construidas alrededor de un patio central (los llamados siheyuan), y llevan formando parte del paisaje de Pekín desde la dinastía Yuan, hace más de 700 años; hoy en día todavía quedan más de mil repartidos por la ciudad, aunque cada vez son más los que desaparecen bajo nuevos edificios. 




Estuvimos en el barrio de Jiaodaokou, tiene una calle comercial muy concurrida, y por casualidad nos metimos por una de las calles que hay a los laterales y terminamos cenando en un local muy autentico el Juer Renjia.


El Palacio de Verano (a medias)

Como llegamos en lunes, tuvimos mala suerte: la torre principal del Palacio de Verano estaba cerrada, y el barrio de estilo Suzhou permanecía cerrado por obras desde julio hasta agosto, así que nos quedamos con las ganas de ver algunos de los monumentos más bonitos, tapados por vallas y masificados de gente (como casi toda china).

El Palacio de Verano tiene detrás una historia de más de 800 años como jardín imperial, aunque el complejo que se visita hoy se construyó en 1750 por orden del emperador Qianlong. Sufrió serios destrozos a causa de las guerras, y su aspecto actual se debe en buena parte a la emperatriz viuda Cixi, que mandó reconstruirlo entre 1884 y 1895 para celebrar su 60 cumpleaños. Desde allí gobernó buena parte de la China de finales de la dinastía Qing, convirtiendo el palacio en el auténtico centro de poder del país. Desde 1998 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Es un recinto enorme, así que para no perderse lo mejor, esto es lo principal que hay que ver:

  • La Torre del Incienso Búdico (Foxiang Ge): la torre principal del complejo, en lo alto de la Colina de la Longevidad, con las mejores vistas de todo el palacio y del lago. Es la que nos encontramos cerrada por ser lunes.

  • Suzhou Street: una calle comercial que mandó construir el propio Qianlong imitando las calles del sur de China, con una particularidad: las "tiendas" no eran tiendas de verdad, sino eunucos y sirvientas de palacio disfrazados de tenderos y clientes, regateando y montando todo un mercadillo falso para que el emperador y su familia pudieran vivir la experiencia de "ir de compras" sin salir de casa. La calle original se destruyó en 1860 y se reconstruyó en 1990; hoy es el único mercado imperial de este tipo que se conserva en China. Es la parte que nos pilló cerrada por obras.

  • El Puente de los 17 Arcos: el más famoso del recinto (el "puente de los 8 arcos", como lo apuntamos nosotros, porque en realidad son 8 arcos a cada lado del arco central, que es el más grande de todos). Se construyó también en 1750, mide 150 metros de largo y conecta la orilla este del lago Kunming con la isla de Nanhu. Este sí pudimos disfrutarlo con calma.


  • El Corredor Largo: una galería cubierta de madera de 728 metros que bordea el lago, con miles de pinturas (se calculan más de 8.000, según quien cuente) en cada viga, con escenas de paisajes, flores y leyendas clásicas chinas.


  • El Barco de Mármol: un pabellón con forma de barco construido junto al lago, otro capricho de Cixi que, según se cuenta, se pagó en parte con fondos que en teoría estaban destinados a modernizar la marina imperial china.

  • El Lago Kunming: el gran lago artificial que ocupa buena parte del recinto, donde también se puede pasear en barca.

Un consejo práctico: en la entrada del parque se puede alquilar una audioguía, disponible en prácticamente todos los idiomas principales. Eso sí, a nosotros la chica de la taquilla solo nos la ofreció en inglés, así que si os interesa en español mejor preguntad explícitamente qué idiomas tienen disponibles, porque por defecto no os lo van a ofrecer.

En total estuvimos unas 3-4 horas paseando por los jardines, que son enormes. 

El Templo del Cielo

Seguimos por otro sitio que no nos podíamos perder es el Templo del Cielo. Lo mandó construir el mismo emperador Yongle que levantó la Ciudad Prohibida, allá por 1406-1420, y durante las dinastías Ming y Qing fue el escenario de los rituales anuales más importantes del calendario imperial: aquí venía el emperador en persona a pedir buenas cosechas en primavera y a dar las gracias al Cielo en otoño. El edificio más fotografiado del recinto es el Salón de Oración por la Buena Cosecha, una sala circular de 30 metros de diámetro y 38 de altura, construida sobre tres terrazas de mármol blanco, sin un solo clavo en toda su estructura de madera. Como el resto de grandes monumentos de Pekín, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998. 

Normalmente el recinto abre todos los días, pero a nosotros nos tocó otra vez mala suerte: era lunes, y ese día el templo también lo encontramos cerrado, así que solo pudimos pasear un poco por los jardines de alrededor, así que nos tocó volver otro día para ver el templo.


Después, fuimos a por un bus, y nos acercamos hasta la calle comercial de Wangfujing, donde cenamos en un food court: dumplings, brochetas de cordero y arroz frito con verduras.

Qianmen Street

Otra calle a visitar es Qianmen, la calle peatonal que baja desde la Puerta de Zhengyang justo al sur de la plaza de Tiananmen. Tiene más de 570 años de historia, aunque lo que se pasea hoy en día es en realidad una reconstrucción de los años 2000 basada en fotos antiguas, ya que el trazado original se quemó por completo en 1900 durante el asalto de las tropas extranjeras a Pekín. 

Esta calle está repleta de tiendas, y es un buen lugar para comprar souvenir si se necesita.


Es la calle de toda la vida para comer el pato pekinés, con locales centenarios como el Quanjude (fundado en 1864), y ahí fuimos precisamente a probarlo. Todo un acierto para cerrar el día.


En el próximo post: la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio de artistas 798, con las conclusiones de todo el viaje. ¡Seguimos!


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