Mostrando entradas con la etiqueta viajar con niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viajar con niños. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de julio de 2026

China con niños (III): Pekín, los hutongs, el Palacio de Verano y el Templo del Cielo

 

Última parada del viaje: Pekín. Después de Shanghái, Xi'an y Pingyao (que ya os contamos en los posts anteriores), llegaba el momento de cerrar el círculo en la capital.

El tren hasta Pekín

Salimos de Pingyao a las 10:50 en tren bala. Durante el trayecto coincidimos con un joven chino empresario que nos explicó el boom inmobiliario de los últimos 10 años: kilómetros y kilómetros de bloques de apartamentos nuevos construidos de la nada, muchos de ellos todavía vacíos. Por la ventana se veía perfectamente: zonas rurales cada vez más escasas, sustituidas por auténticas junglas de más de 30 pisos de altura, con grúas trabajando en varias de ellas.


Llegamos a Pekín sobre las 15:00 y después de descargar las maletas en el Right hotel, dónde pasaremos las siguientes 5 años, por 580€. el hotel estaba bien, dentro de la 2a anilla, pero un poco alejado de los sitios a visitar. Minímo teniamos unos 30-40 minutos en metro.


Jiaodaokou Neighborhood

Lo primero que hicimos fue ir a un barrio de hutongs. Los hutongs son esos callejones estrechos flanqueados por casas de un solo piso construidas alrededor de un patio central (los llamados siheyuan), y llevan formando parte del paisaje de Pekín desde la dinastía Yuan, hace más de 700 años; hoy en día todavía quedan más de mil repartidos por la ciudad, aunque cada vez son más los que desaparecen bajo nuevos edificios. 




Estuvimos en el barrio de Jiaodaokou, tiene una calle comercial muy concurrida, y por casualidad nos metimos por una de las calles que hay a los laterales y terminamos cenando en un local muy autentico el Juer Renjia.


El Palacio de Verano (a medias)

Como llegamos en lunes, tuvimos mala suerte: la torre principal del Palacio de Verano estaba cerrada, y el barrio de estilo Suzhou permanecía cerrado por obras desde julio hasta agosto, así que nos quedamos con las ganas de ver algunos de los monumentos más bonitos, tapados por vallas y masificados de gente (como casi toda china).

El Palacio de Verano tiene detrás una historia de más de 800 años como jardín imperial, aunque el complejo que se visita hoy se construyó en 1750 por orden del emperador Qianlong. Sufrió serios destrozos a causa de las guerras, y su aspecto actual se debe en buena parte a la emperatriz viuda Cixi, que mandó reconstruirlo entre 1884 y 1895 para celebrar su 60 cumpleaños. Desde allí gobernó buena parte de la China de finales de la dinastía Qing, convirtiendo el palacio en el auténtico centro de poder del país. Desde 1998 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Es un recinto enorme, así que para no perderse lo mejor, esto es lo principal que hay que ver:

  • La Torre del Incienso Búdico (Foxiang Ge): la torre principal del complejo, en lo alto de la Colina de la Longevidad, con las mejores vistas de todo el palacio y del lago. Es la que nos encontramos cerrada por ser lunes.

  • Suzhou Street: una calle comercial que mandó construir el propio Qianlong imitando las calles del sur de China, con una particularidad: las "tiendas" no eran tiendas de verdad, sino eunucos y sirvientas de palacio disfrazados de tenderos y clientes, regateando y montando todo un mercadillo falso para que el emperador y su familia pudieran vivir la experiencia de "ir de compras" sin salir de casa. La calle original se destruyó en 1860 y se reconstruyó en 1990; hoy es el único mercado imperial de este tipo que se conserva en China. Es la parte que nos pilló cerrada por obras.

  • El Puente de los 17 Arcos: el más famoso del recinto (el "puente de los 8 arcos", como lo apuntamos nosotros, porque en realidad son 8 arcos a cada lado del arco central, que es el más grande de todos). Se construyó también en 1750, mide 150 metros de largo y conecta la orilla este del lago Kunming con la isla de Nanhu. Este sí pudimos disfrutarlo con calma.


  • El Corredor Largo: una galería cubierta de madera de 728 metros que bordea el lago, con miles de pinturas (se calculan más de 8.000, según quien cuente) en cada viga, con escenas de paisajes, flores y leyendas clásicas chinas.


  • El Barco de Mármol: un pabellón con forma de barco construido junto al lago, otro capricho de Cixi que, según se cuenta, se pagó en parte con fondos que en teoría estaban destinados a modernizar la marina imperial china.

  • El Lago Kunming: el gran lago artificial que ocupa buena parte del recinto, donde también se puede pasear en barca.

Un consejo práctico: en la entrada del parque se puede alquilar una audioguía, disponible en prácticamente todos los idiomas principales. Eso sí, a nosotros la chica de la taquilla solo nos la ofreció en inglés, así que si os interesa en español mejor preguntad explícitamente qué idiomas tienen disponibles, porque por defecto no os lo van a ofrecer.

En total estuvimos unas 3-4 horas paseando por los jardines, que son enormes. 

El Templo del Cielo

Seguimos por otro sitio que no nos podíamos perder es el Templo del Cielo. Lo mandó construir el mismo emperador Yongle que levantó la Ciudad Prohibida, allá por 1406-1420, y durante las dinastías Ming y Qing fue el escenario de los rituales anuales más importantes del calendario imperial: aquí venía el emperador en persona a pedir buenas cosechas en primavera y a dar las gracias al Cielo en otoño. El edificio más fotografiado del recinto es el Salón de Oración por la Buena Cosecha, una sala circular de 30 metros de diámetro y 38 de altura, construida sobre tres terrazas de mármol blanco, sin un solo clavo en toda su estructura de madera. Como el resto de grandes monumentos de Pekín, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998. 

Normalmente el recinto abre todos los días, pero a nosotros nos tocó otra vez mala suerte: era lunes, y ese día el templo también lo encontramos cerrado, así que solo pudimos pasear un poco por los jardines de alrededor, así que nos tocó volver otro día para ver el templo.


Después, fuimos a por un bus, y nos acercamos hasta la calle comercial de Wangfujing, donde cenamos en un food court: dumplings, brochetas de cordero y arroz frito con verduras.

Qianmen Street

Otra calle a visitar es Qianmen, la calle peatonal que baja desde la Puerta de Zhengyang justo al sur de la plaza de Tiananmen. Tiene más de 570 años de historia, aunque lo que se pasea hoy en día es en realidad una reconstrucción de los años 2000 basada en fotos antiguas, ya que el trazado original se quemó por completo en 1900 durante el asalto de las tropas extranjeras a Pekín. 

Esta calle está repleta de tiendas, y es un buen lugar para comprar souvenir si se necesita.


Es la calle de toda la vida para comer el pato pekinés, con locales centenarios como el Quanjude (fundado en 1864), y ahí fuimos precisamente a probarlo. Todo un acierto para cerrar el día.


En el próximo post: la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio de artistas 798, con las conclusiones de todo el viaje. ¡Seguimos!


Share:

China con niños (II): los Guerreros de Terracota y la ciudad amurallada de Pingyao

 

Después del tren nocturno desde Shanghái, llegamos a Xi'an sobre las 9 de la mañana, a una estación enorme y ultramoderna que no tiene nada que envidiar a las de cualquier gran capital europea.

Llegada a Xi'an

Directos cogimos un Didi hasta el hotel, el Tongpai Hotel, donde pagamos 88€ por las dos noches, muy bien ubicado cerca de la Bell Tower. Al ver que íbamos con niños nos hicieron un upgrade de habitación sin coste, todo un detalle.

Bell Tower (Torre de la Campana)

Nuestra primera visita fue la Bell Tower. Esta vez, a diferencia de otros monumentos, tuvimos que pagar entrada también para los niños (normalmente suelen ser gratis), y la verdad es que nos pareció cara para lo que ofrece. La torre está literalmente en medio de una rotonda de tráfico, rodeada de coches por todos lados como si fuera un nudo de autopista, lo que le resta bastante encanto.


Tiene su historia, eso sí: la mandó construir el emperador Zhu Yuanzhang en 1384, al principio de la dinastía Ming, para marcar las horas de la ciudad y avisar en caso de ataque. Al principio estaba en otro punto de la ciudad, pero cuando Xi'an (entonces llamada Chang'an) creció y el centro se desplazó, la desmontaron entera y la volvieron a levantar en su ubicación actual en 1582.

Barrio Musulmán

Mucho mejor nos lo pasamos en el Barrio Musulmán, un laberinto de calles y callejones repletos de puestos de comida y tiendas de souvenirs (y alguna que otra falsificación, para quien busque). Cenamos en uno de los restaurantes de la zona: fideos gruesos y picantes y brochetas de cordero a la brasa. Muy recomendable.



Y ya que hablamos de comida: si hay un plato que hay que probar sí o sí en Xi'an es el rou jia mo, una especie de bocadillo de cerdo estofado y especiado dentro de un panecillo plano y crujiente (el "mo"), que llevan comiendo por aquí desde hace siglos y que muchos consideran el antecedente de la hamburguesa. Desde 2016 está reconocido como patrimonio inmaterial de la UNESCO, así que no es un bocadillo cualquiera.



La Gran Pagoda del Ganso Salvaje

Nos acercamos también a la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Giant Wild Goose Pagoda), otro de los grandes iconos de Xi'an. La construyeron sobre el año 652, en plena dinastía Tang, para guardar los sutras y las figuras de Buda que el monje Xuanzang trajo desde la India tras su famoso viaje (el mismo que inspiró la novela clásica "Viaje al Oeste").

Desde 2014 forma parte de la lista de la UNESCO como parte de la Ruta de la Seda.



Fue allí donde nos dimos cuenta de que muchísimos chinos y chinas, sobre todo jóvenes, pasean vestidos con trajes de época (hanfu), y no es casualidad: la calle está llena de tiendas de alquiler de vestidos y de maquillaje especializadas en dejarte con el look completo para pasear y hacerte fotos.

Al salir caminamos por la gran avenida que sale de la pagoda, la Yanta South Road, que da paso a la conocida como Datang Everbright City, una especie de gran bulevar peatonal flanqueado de centros comerciales, edificios enormes de estilo Tang y puestos de comida a ambos lados.



Los Guerreros de Terracota

El gran día de Xi'an era, sin duda, la visita a los Guerreros de Terracota. Habíamos reservado las entradas con antelación. El recinto abre a las 8:30 y merece muchísimo la pena llegar a esa hora, porque a medida que avanza la mañana se llena de gente.

Para llegar hasta allí (unos 35 km desde el centro) se puede ir en autobús, que tarda aproximadamente 1h 30min y cuesta unos 30 yuanes por persona, o en Didi. Con niños, decidimos que era mucho más cómodo el taxi: nos costó 123 yuanes y tardamos unos 50 minutos. Por el camino se ve alternar algún trozo de zona rural con auténticas junglas de edificios de treinta pisos, muchos de ellos todavía en construcción.




El descubrimiento fue casi de casualidad: en 1974 unos campesinos de la zona estaban cavando un pozo para buscar agua y se toparon con los primeros fragmentos. Lo que había debajo era nada menos que el ejército funerario del emperador Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, construido para protegerle en la otra vida. Se empezó a construir en el 264 a.C, y tardaron unos 40 años en terminarlo. 

Entre las tres fosas se calcula que hay más de 8.000 soldados a tamaño real (algunos incluso un poco más grandes), además de caballos y carros de guerra, y lo más curioso es que no hay dos guerreros iguales, todos tienen aspectos distintos.

El recinto tiene tres pabellones. El primero es el más importante y el que impresiona de verdad: la cantidad de figuras reconstruidas es difícil de describir, y madrugar mereció la pena porque más tarde se llena mucho. Después está el tercer pabellón, más pequeño, con menos descubrimientos, y por último el segundo, donde todavía se pueden ver guerreros y caballos entre fragmentos y vitrinas de excavación en curso. Para cerrar la visita hay un museo donde se explica toda la historia (en chino) y se exponen más guerreros, además de carros de bronce y otras piezas.

En total estuvimos unas 3 horas allí dentro, y el camino de salida, de 1-2 km, está flanqueado de tiendas de souvenirs y puestos de comida.

La muralla de Xi'an 

El último día nos quedaba tiempo para visitar la muralla de Xi'an, uno de los recintos amurallados mejor conservados de China. 

La idea inicial era subir en bicicleta y dar la vuelta completa, pero al llegar arriba nos dijeron que el alquiler de bicis era solo a partir de 12 años. Así que hicimos un tramo caminando, aunque con el calor que hacía y la poca sombra que hay, decidimos hacer un recorrido más bien corto.


Y otra cosa que nos os hemos contado, pero los niños eran el centro de atención, muchas personas chinas nos pedian constantemente si se podian hacer fotos con ellos. esto se repitió todo el viaje. Por suerte Ona y Adrià lo llevaron muy bien :).


Desde allí bajamos hasta el barrio musulmán para hacer alguna última compra y comer algo antes de coger de nuevo las maletas y dirigirnos hacia la estación, esta vez con destino Pingyao.

Pingyao, la ciudad amurallada

Después de un viaje de unas 2h30 en tren, llegamos a Pingyao al anochecer. Cogimos un Didi hasta la ciudad antigua amurallada, donde teníamos el Elsewhere Hotel: sencillo pero muy correcto.


Cenamos dentro de la muralla y nos fuimos pronto a dormir, porque al día siguiente tocaba explorar el pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la más pequeña). Para nosotros no hacía falta más de cinco edificios para visitar. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva algunas de sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Sus orígenes como asentamiento se remontan a la dinastía Zhou Occidental, hace más de 2.700 años, aunque la muralla que se puede visitar hoy en día es bastante más "reciente": se levantó en el siglo XIV, ya en la dinastía Ming, y mide unos 6 km de perímetro, con 12 metros de altura, seis puertas y 72 torres de vigilancia repartidas por todo el recorrido.




Lo más curioso de Pingyao es que, entre los siglos XIX y principios del XX, se convirtió en el centro financiero más importante de toda China, una especie de Wall Street chino de la época.

Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la pequeña ya que es menor de 6 años). Son antiguas mansiones con patios de familias de comerciantes y banqueros ricos de la dinastía Qing, además de alguna antigua agencia de escoltas, que venía a ser algo así como la "empresa de seguridad" encargada de proteger el dinero y las mercancías que viajaban entre ciudades.

A nosotros no nos hacía falta visitar más de cinco casas para hacernos a la idea. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.


Un sitio que nos gusto para comer y que repetimos fue Tianyuankui Bar dónde comimos unos dumpling riquísimos.

En el próximo (y último) post de China: Pekín, la Ciudad Prohibida, los hutongs y la Gran Muralla. ¡Seguimos!

Share: