Última parada del viaje: Pekín. Después de Shanghái, Xi'an y Pingyao (que ya os contamos en los posts anteriores), llegaba el momento de cerrar el círculo en la capital.
El tren hasta Pekín
Salimos de Pingyao a las 10:50 en tren bala. Durante el trayecto coincidimos con un joven chino empresario que nos explicó el boom inmobiliario de los últimos 10 años: kilómetros y kilómetros de bloques de apartamentos nuevos construidos de la nada, muchos de ellos todavía vacíos. Por la ventana se veía perfectamente: zonas rurales cada vez más escasas, sustituidas por auténticas junglas de más de 30 pisos de altura, con grúas trabajando en varias de ellas.
Llegamos a Pekín sobre las 15:00 y después de descargar las maletas en el Right hotel, dónde pasaremos las siguientes 5 años, por 580€. el hotel estaba bien, dentro de la 2a anilla, pero un poco alejado de los sitios a visitar. Minímo teniamos unos 30-40 minutos en metro.
Jiaodaokou Neighborhood
Lo primero que hicimos fue ir a un barrio de hutongs. Los hutongs son esos callejones estrechos flanqueados por casas de un solo piso construidas alrededor de un patio central (los llamados siheyuan), y llevan formando parte del paisaje de Pekín desde la dinastía Yuan, hace más de 700 años; hoy en día todavía quedan más de mil repartidos por la ciudad, aunque cada vez son más los que desaparecen bajo nuevos edificios.
Estuvimos en el barrio de Jiaodaokou, tiene una calle comercial muy concurrida, y por casualidad nos metimos por una de las calles que hay a los laterales y terminamos cenando en un local muy autentico el Juer Renjia.
El Palacio de Verano (a medias)
Como llegamos en lunes, tuvimos mala suerte: la torre principal del Palacio de Verano estaba cerrada, y el barrio de estilo Suzhou permanecía cerrado por obras desde julio hasta agosto, así que nos quedamos con las ganas de ver algunos de los monumentos más bonitos, tapados por vallas y masificados de gente (como casi toda china).
El Palacio de Verano tiene detrás una historia de más de 800 años como jardín imperial, aunque el complejo que se visita hoy se construyó en 1750 por orden del emperador Qianlong. Sufrió serios destrozos a causa de las guerras, y su aspecto actual se debe en buena parte a la emperatriz viuda Cixi, que mandó reconstruirlo entre 1884 y 1895 para celebrar su 60 cumpleaños. Desde allí gobernó buena parte de la China de finales de la dinastía Qing, convirtiendo el palacio en el auténtico centro de poder del país. Desde 1998 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Es un recinto enorme, así que para no perderse lo mejor, esto es lo principal que hay que ver:
- La Torre del Incienso Búdico (Foxiang Ge): la torre principal del complejo, en lo alto de la Colina de la Longevidad, con las mejores vistas de todo el palacio y del lago. Es la que nos encontramos cerrada por ser lunes.
- Suzhou Street: una calle comercial que mandó construir el propio Qianlong imitando las calles del sur de China, con una particularidad: las "tiendas" no eran tiendas de verdad, sino eunucos y sirvientas de palacio disfrazados de tenderos y clientes, regateando y montando todo un mercadillo falso para que el emperador y su familia pudieran vivir la experiencia de "ir de compras" sin salir de casa. La calle original se destruyó en 1860 y se reconstruyó en 1990; hoy es el único mercado imperial de este tipo que se conserva en China. Es la parte que nos pilló cerrada por obras.
- El Puente de los 17 Arcos: el más famoso del recinto (el "puente de los 8 arcos", como lo apuntamos nosotros, porque en realidad son 8 arcos a cada lado del arco central, que es el más grande de todos). Se construyó también en 1750, mide 150 metros de largo y conecta la orilla este del lago Kunming con la isla de Nanhu. Este sí pudimos disfrutarlo con calma.
- El Corredor Largo: una galería cubierta de madera de 728 metros que bordea el lago, con miles de pinturas (se calculan más de 8.000, según quien cuente) en cada viga, con escenas de paisajes, flores y leyendas clásicas chinas.
- El Barco de Mármol: un pabellón con forma de barco construido junto al lago, otro capricho de Cixi que, según se cuenta, se pagó en parte con fondos que en teoría estaban destinados a modernizar la marina imperial china.
- El Lago Kunming: el gran lago artificial que ocupa buena parte del recinto, donde también se puede pasear en barca.
Un consejo práctico: en la entrada del parque se puede alquilar una audioguía, disponible en prácticamente todos los idiomas principales. Eso sí, a nosotros la chica de la taquilla solo nos la ofreció en inglés, así que si os interesa en español mejor preguntad explícitamente qué idiomas tienen disponibles, porque por defecto no os lo van a ofrecer.
En total estuvimos unas 3-4 horas paseando por los jardines, que son enormes.
El Templo del Cielo
Seguimos por otro sitio que no nos podíamos perder es el Templo del Cielo. Lo mandó construir el mismo emperador Yongle que levantó la Ciudad Prohibida, allá por 1406-1420, y durante las dinastías Ming y Qing fue el escenario de los rituales anuales más importantes del calendario imperial: aquí venía el emperador en persona a pedir buenas cosechas en primavera y a dar las gracias al Cielo en otoño. El edificio más fotografiado del recinto es el Salón de Oración por la Buena Cosecha, una sala circular de 30 metros de diámetro y 38 de altura, construida sobre tres terrazas de mármol blanco, sin un solo clavo en toda su estructura de madera. Como el resto de grandes monumentos de Pekín, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1998.
Normalmente el recinto abre todos los días, pero a nosotros nos tocó otra vez mala suerte: era lunes, y ese día el templo también lo encontramos cerrado, así que solo pudimos pasear un poco por los jardines de alrededor, así que nos tocó volver otro día para ver el templo.
Después, fuimos a por un bus, y nos acercamos hasta la calle comercial de Wangfujing, donde cenamos en un food court: dumplings, brochetas de cordero y arroz frito con verduras.
Qianmen Street
Otra calle a visitar es Qianmen, la calle peatonal que baja desde la Puerta de Zhengyang justo al sur de la plaza de Tiananmen. Tiene más de 570 años de historia, aunque lo que se pasea hoy en día es en realidad una reconstrucción de los años 2000 basada en fotos antiguas, ya que el trazado original se quemó por completo en 1900 durante el asalto de las tropas extranjeras a Pekín.
Esta calle está repleta de tiendas, y es un buen lugar para comprar souvenir si se necesita.
Es la calle de toda la vida para comer el pato pekinés, con locales centenarios como el Quanjude (fundado en 1864), y ahí fuimos precisamente a probarlo. Todo un acierto para cerrar el día.
En el próximo post: la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla y el barrio de artistas 798, con las conclusiones de todo el viaje. ¡Seguimos!