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martes, 21 de julio de 2026

China con niños (II): los Guerreros de Terracota y la ciudad amurallada de Pingyao

 

Después del tren nocturno desde Shanghái, llegamos a Xi'an sobre las 9 de la mañana, a una estación enorme y ultramoderna que no tiene nada que envidiar a las de cualquier gran capital europea.

Llegada a Xi'an

Directos cogimos un Didi hasta el hotel, el Tongpai Hotel, donde pagamos 88€ por las dos noches, muy bien ubicado cerca de la Bell Tower. Al ver que íbamos con niños nos hicieron un upgrade de habitación sin coste, todo un detalle.

Bell Tower (Torre de la Campana)

Nuestra primera visita fue la Bell Tower. Esta vez, a diferencia de otros monumentos, tuvimos que pagar entrada también para los niños (normalmente suelen ser gratis), y la verdad es que nos pareció cara para lo que ofrece. La torre está literalmente en medio de una rotonda de tráfico, rodeada de coches por todos lados como si fuera un nudo de autopista, lo que le resta bastante encanto.


Tiene su historia, eso sí: la mandó construir el emperador Zhu Yuanzhang en 1384, al principio de la dinastía Ming, para marcar las horas de la ciudad y avisar en caso de ataque. Al principio estaba en otro punto de la ciudad, pero cuando Xi'an (entonces llamada Chang'an) creció y el centro se desplazó, la desmontaron entera y la volvieron a levantar en su ubicación actual en 1582.

Barrio Musulmán

Mucho mejor nos lo pasamos en el Barrio Musulmán, un laberinto de calles y callejones repletos de puestos de comida y tiendas de souvenirs (y alguna que otra falsificación, para quien busque). Cenamos en uno de los restaurantes de la zona: fideos gruesos y picantes y brochetas de cordero a la brasa. Muy recomendable.



Y ya que hablamos de comida: si hay un plato que hay que probar sí o sí en Xi'an es el rou jia mo, una especie de bocadillo de cerdo estofado y especiado dentro de un panecillo plano y crujiente (el "mo"), que llevan comiendo por aquí desde hace siglos y que muchos consideran el antecedente de la hamburguesa. Desde 2016 está reconocido como patrimonio inmaterial de la UNESCO, así que no es un bocadillo cualquiera.



La Gran Pagoda del Ganso Salvaje

Nos acercamos también a la Gran Pagoda del Ganso Salvaje (Giant Wild Goose Pagoda), otro de los grandes iconos de Xi'an. La construyeron sobre el año 652, en plena dinastía Tang, para guardar los sutras y las figuras de Buda que el monje Xuanzang trajo desde la India tras su famoso viaje (el mismo que inspiró la novela clásica "Viaje al Oeste").

Desde 2014 forma parte de la lista de la UNESCO como parte de la Ruta de la Seda.



Fue allí donde nos dimos cuenta de que muchísimos chinos y chinas, sobre todo jóvenes, pasean vestidos con trajes de época (hanfu), y no es casualidad: la calle está llena de tiendas de alquiler de vestidos y de maquillaje especializadas en dejarte con el look completo para pasear y hacerte fotos.

Al salir caminamos por la gran avenida que sale de la pagoda, la Yanta South Road, que da paso a la conocida como Datang Everbright City, una especie de gran bulevar peatonal flanqueado de centros comerciales, edificios enormes de estilo Tang y puestos de comida a ambos lados.



Los Guerreros de Terracota

El gran día de Xi'an era, sin duda, la visita a los Guerreros de Terracota. Habíamos reservado las entradas con antelación. El recinto abre a las 8:30 y merece muchísimo la pena llegar a esa hora, porque a medida que avanza la mañana se llena de gente.

Para llegar hasta allí (unos 35 km desde el centro) se puede ir en autobús, que tarda aproximadamente 1h 30min y cuesta unos 30 yuanes por persona, o en Didi. Con niños, decidimos que era mucho más cómodo el taxi: nos costó 123 yuanes y tardamos unos 50 minutos. Por el camino se ve alternar algún trozo de zona rural con auténticas junglas de edificios de treinta pisos, muchos de ellos todavía en construcción.




El descubrimiento fue casi de casualidad: en 1974 unos campesinos de la zona estaban cavando un pozo para buscar agua y se toparon con los primeros fragmentos. Lo que había debajo era nada menos que el ejército funerario del emperador Qin Shi Huang, el primer emperador de la China unificada, construido para protegerle en la otra vida. Se empezó a construir en el 264 a.C, y tardaron unos 40 años en terminarlo. 

Entre las tres fosas se calcula que hay más de 8.000 soldados a tamaño real (algunos incluso un poco más grandes), además de caballos y carros de guerra, y lo más curioso es que no hay dos guerreros iguales, todos tienen aspectos distintos.

El recinto tiene tres pabellones. El primero es el más importante y el que impresiona de verdad: la cantidad de figuras reconstruidas es difícil de describir, y madrugar mereció la pena porque más tarde se llena mucho. Después está el tercer pabellón, más pequeño, con menos descubrimientos, y por último el segundo, donde todavía se pueden ver guerreros y caballos entre fragmentos y vitrinas de excavación en curso. Para cerrar la visita hay un museo donde se explica toda la historia (en chino) y se exponen más guerreros, además de carros de bronce y otras piezas.

En total estuvimos unas 3 horas allí dentro, y el camino de salida, de 1-2 km, está flanqueado de tiendas de souvenirs y puestos de comida.

La muralla de Xi'an 

El último día nos quedaba tiempo para visitar la muralla de Xi'an, uno de los recintos amurallados mejor conservados de China. 

La idea inicial era subir en bicicleta y dar la vuelta completa, pero al llegar arriba nos dijeron que el alquiler de bicis era solo a partir de 12 años. Así que hicimos un tramo caminando, aunque con el calor que hacía y la poca sombra que hay, decidimos hacer un recorrido más bien corto.


Y otra cosa que nos os hemos contado, pero los niños eran el centro de atención, muchas personas chinas nos pedian constantemente si se podian hacer fotos con ellos. esto se repitió todo el viaje. Por suerte Ona y Adrià lo llevaron muy bien :).


Desde allí bajamos hasta el barrio musulmán para hacer alguna última compra y comer algo antes de coger de nuevo las maletas y dirigirnos hacia la estación, esta vez con destino Pingyao.

Pingyao, la ciudad amurallada

Después de un viaje de unas 2h30 en tren, llegamos a Pingyao al anochecer. Cogimos un Didi hasta la ciudad antigua amurallada, donde teníamos el Elsewhere Hotel: sencillo pero muy correcto.


Cenamos dentro de la muralla y nos fuimos pronto a dormir, porque al día siguiente tocaba explorar el pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la más pequeña). Para nosotros no hacía falta más de cinco edificios para visitar. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.

Pingyao es un pueblo amurallado que conserva algunas de sus casas tradicionales tal y como eran hace siglos. Sus orígenes como asentamiento se remontan a la dinastía Zhou Occidental, hace más de 2.700 años, aunque la muralla que se puede visitar hoy en día es bastante más "reciente": se levantó en el siglo XIV, ya en la dinastía Ming, y mide unos 6 km de perímetro, con 12 metros de altura, seis puertas y 72 torres de vigilancia repartidas por todo el recorrido.




Lo más curioso de Pingyao es que, entre los siglos XIX y principios del XX, se convirtió en el centro financiero más importante de toda China, una especie de Wall Street chino de la época.

Compramos entradas para visitar varias de las casas históricas (135 yuanes para los tres, con entrada gratuita para la pequeña ya que es menor de 6 años). Son antiguas mansiones con patios de familias de comerciantes y banqueros ricos de la dinastía Qing, además de alguna antigua agencia de escoltas, que venía a ser algo así como la "empresa de seguridad" encargada de proteger el dinero y las mercancías que viajaban entre ciudades.

A nosotros no nos hacía falta visitar más de cinco casas para hacernos a la idea. Para terminar subimos a pasear por encima de la muralla, con muy buenas vistas sobre los tejados del pueblo.


Un sitio que nos gusto para comer y que repetimos fue Tianyuankui Bar dónde comimos unos dumpling riquísimos.

En el próximo (y último) post de China: Pekín, la Ciudad Prohibida, los hutongs y la Gran Muralla. ¡Seguimos!

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